HOTELES, SÍ; PESCADORES, NO

LA VANGUARDIA, 23/02/2010
(POR A. ROBINSON)

El gigantesco maremoto que mató a 250.000 personas en el sudeste asiático, en diciembre del 2004, creó oportunidades para multinacionales del turismo en la costa de Sri Lanka. Antes del tsunami, los hoteleros habían instado al gobierno local para que desplazara a las comunidades de pescadores que vivían desde hacía miles de años en las playas. “Las cabañas estropean las vistas y el olor a pescado repugna a los clientes”, se quejó un hotelero. Hasta se intentó prender fuego a las aldeas pescadoras. Pero las comunidades pesqueras aguantaron. “El tsunami consiguió lo que el fuego no pudo”, escribe Klein. Treinta y cinco mil personas, el 80% pescadores, murieron y las aldeas fueron barridas.

¿Cuál fue la respuesta de las autoridades? Una nueva ley para proteger a la población ante nuevos tsunamis que prohíbe la construcción de viviendas cerca de la costa. Miles de pescadores y sus familias fueron trasladados al interior y alojados en barracones prefabricados, explica Naomi Klein.

Pero se hizo una excepción para el turismo. Según el promotor hotelero Jasanan Prayawardene, citado en Lamkanewspapers.com, gracias a los permisos para construir y al fin de la guerra civil se construirán “cuatro hoteles de siete estrellas en las playas de la zona (…) en colaboración con un operador internacional de hoteles de alto standing”. Sri Lanka se convierte en “una rivera de turismo de lujo al estilo de Bali”, advierte Naomi Klein. Así mismo, en las pequeñas islas indias de Maldivas, el tsunami barrió las comunidades de pescadores creando islas vacías que fueron compradas por grupos como Four Seasons y Hilton. Construyeron villas con spa y mayordomo oriental, a 5.000 dólares la noche.

El huracán Mitch, que devastó Honduras, Nicaragua, Guatemala y El Salvador en 1998 -con un balance de más de 10.000 muertos y dos millones de damnificados- facilitó la privatización de las telecomunicaciones, de la electricidad, del transporte aéreo y de otras industrias. Fue promovido por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial que, en Nicaragua, condicionaron sus créditos de 150 millones de dólares para la reconstrucción a la privatización. Entre las empresas beneficiadas estaban Telmex, Unión Fenosa y Digicel, del empresario de telecomunicaciones irlandés Denis O’Brien, que ya operaba la telefonía móvil en El Salvador y Honduras. Ahora O’Brien es uno de los protagonistas de la reconstrucción en Haití.

El huracán Katrina que, en el año 2005, inundó la ciudad de Nueva Orleans y arrasó la costa de Luisiana y del Misisipi dejando un balance de casi 2.000 muertos, generó oportunidades de negocio para empresas de construcción y de infraestructuras como Halliburton, Bechtel, Fluor, CH2M Hill y Parsons, así como la de servicios de seguridad militar Blackwater, todas clientes del Pentágono. Se aprovechó también el desastre para privatizar la enseñanza en Nueva Orleans.

Article aportat per VEI

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