EL RECUERDO DEL MARABÚ

LA VANGUARDIA, 27/10/2009

(POR SANTIAGO TARÍN)

LOS LOCALES MÁS EMBLEMÁTICOS DE BARCELONA Y SUS PERSONAJES MÁS CÉLEBRES SON RECREADOS EN EL NUEVO LIBRO DE MÀRIUS CAROL

Todas las ciudades tienen varias caras. Pongamos el ejemplo de Barcelona. Podemos definirla por el diseño, la restauración y la arquitectura. O por su historia, su evolución urbanística y sus movimientos sociales. Y, también, hubo una Barcelona arrabalera, perdularia, criminal e incluso indecente. Màrius Carol ha recreado la biografía de este último perfil que se pierde entre los serpenteos del clásico adorno de las vedettes, pero que sigue vivo en la memoria colectiva con nombres propios de personas y locales, que ahora recupera en su libro “Las plumas del Marabú”.

Cuenta Carol que la idea de este libro nació cuando documentaba su novela “Una ballada a l’Excelsior”. El Excelsior fue uno de los grandes cabarets de Barcelona; lugar de reunión de gente de postín que gastaba a espuertas el dinero que ganaba con la I Guerra Mundial. El autor quedó atrapado por este ambiente, que se producía en el “momento álgido” de esta Barcelona canalla. “La Exposición de 1888 nos hizo visibles y causó la apertura de cabarets, salas de fiestas y meublés. Después vino la I Guerra Mundial y mucha gente se refugió en la ciudad, mientras los de aquí hacían negocios con los dos bandos”. Esto reportó muchas ganancias que se gastaron en “piedra” y se produjo una especulación brutal. Al mismo tiempo llegaba mucha emigración que acababa durmiendo en las tabernas del Raval . La situación era explosiva”.

Esta historia de la Barcelona canalla se simboliza en las plumas del marabú, la boa de plumas de las vedettes, y está jalonada de locales legendarios, como el citado Excelsior, El Edén, el Chalet del Moro o La Criolla; lugar irrepetible donde se juntaba lo más granado de la ciudad con los tipos más lumpen; sitios que aunaron en su leyenda peculiares artistas con crímenes que aún se recuerdan. También se escribe esta crónica con nombres propios, como la Bella Dorita, o la Bella Otero, o la contemporánea Chiqui Martí. En esta ciudad proliferaron los meublés, un tipo de establecimiento característico barcelonés, donde para camuflar amores furtivos se daba información sobre los resultados del fútbol para quienes debían dar explicaciones al volver a casa.
Màrius Carol cuenta que esta Barcelona fue engullida por la posguerra, por la miseria, las privaciones y la dictadura. Aunque tuvo sus renacimientos, como la aparición en los escenarios de los primeros travestis. La transición también aportó ansias de libertad en el mundo de la diversión y así se explica que El Molino perviviera tanto tiempo.
¿Y ahora? Pues todo es “más serio”, relata Carol. “Quizás el mundo de nuestros abuelos era más aburrido y necesitaban salir más de fiesta. En los años 20 y 30 del siglo pasado la gente salía a la calle. Ahora los barceloneses nos encerramos en casa”.
AL IGUAL QUE SE PIERDEN ESPACIOS, USOS Y COSTUMBRES, LA VIDA TAMBIÉN NOS DEPARA PÉRDIDAS HUMANAS TRÁGICAS. LA BARCELONETA HA PERDIDO UN EMBLEMA: EMLIA LLORCA MARTÍN. RECORDÉMOSLA COMO SE MERECE Y HAGAMOS EL ESFUERZO PARA QUE SE SIENTA ORGULLOSA DEL TRABAJO QUE INICIÓ. DESCANSA EN PAZ.

Article aportat per VEI

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