UNA CIUDAD DE IMITACIONES (por JORDI PUNTÍ)

EL PERIÓDICO, 13/06/2009

Quienes visitaron esta primavera la muestra “Il.luminacions. Catalunya visionària”, en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, pudieron admirar un extraño dibujo de Le Corbusier. Su aversión a lo que él llamaba “ciudad histórica” como freno al progreso le llevó a plasmar un proyecto para Barcelona que consistía, esencialmente, en arrasar el Raval y el Gòtic, y construir un gran parque y tres enormes rascacielos. Según el dibujo, se trataba de edificios racionales como los que construyó en Marsella, tres colmenas que se abrirían al mar, pero taparían la vista al resto de la ciudad. El dibujo parecía, realmente, la obra de un visionario -casi tan atrevida como esa idea que Mariscal dibujó hace años para reducir el tráfico: construir un teleférico que subiera por la calle Muntaner-. El lema que abría la exposición, Il,.luminacions, era de Nicolau M. Rubió Tudurí, otro arquitecto, y decía: “De tant en tant el seny català acluca l’ull i deixa fer”. Bueno, por suerte, ante el proyecto de Le Corbusier, el seny català no dejó hacer nada.

Pensaba el otro día en ese dibujo mientras observaba el hotel Vela que Ricardo Bofill ha perpetrado en el puerto. Al final, me decía, la ciudad ha hecho caso a las intuiciones de Le Corbusier. No de una forma literal, sino más sibilina, sin racionalismos ni iluminaciones. Una parte del casco histórico ha sido arrasado para convertirlo en un parque, un parque temático para los turistas, y los tres grandes edificios-pantalla que tapan la vista a Barcelona ya están construidos: son las torres olímpicas, la torre Marenostrum, que proyectó Enric Miralles, y el susodicho hotel Vela de Bofill.

Además, con el hotel que oculta el sol a las playas de la Barceloneta, la ciudad ha pervertido su skyline. En general, la construcción de las ciudades precede a su perfil; en Barcelona se hace al revés y en los últimos años se ha buscado la imitación. Aunque la mejore, la Torre Agbar de Jean Nouvel recuerda a la de Norman Foster en la city de Londres, y el hotel de Bofill nos remite a las playas de Dubai. Ya puestos, ¿por qué algún iluminado no convierte el castillo de Montjuïc en un nuevo Taj Mahal, por ejemplo? Visto desde el mar, los turistas que llegan en los cruceros le sacarían fotos muy bonitas.

Article aportat per VEI

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