CALDODECULTIVO MAGAZINE. Nº 5, JUNIO 2008

WELFARE STATE (POR COLECTIVO “DEMOCRACIA”)

Pensar la utopía implica que al menos algunos síntomas del tiempo presente premiten albergar esperanzas de una posible realización. No obstante, hoy por hoy, “ningun fantasma recorre Europa”. Nuestra visión, pues, sólo puede aspirar a mantener o recuperar las ruinas de la utopía, pues hace mucho tiempo que en el contexto europeo ésta fue sustituida por el pragmatismo; cualquier voluntad revolucionaria por la socialdemocracia; la Lucha de Clases por el Estado del Bienestar. La comodidad, en definitiva, se ha convertido en la principal ideología de nuestro tiempo,
Aun así esta “utopía rebajada”, actualmente amenazada por corrientes neoliberales, aparece como la más luminosa de las utopías posibles. A pesar de sus muchas contradicciones, de su clientelismo y su asistencialismo, mantienen todavía algún tipo de labor residual en favor de los derechos humanos, por cierta noción de dignidad básica, puesto que en otros modelos de sociedad las desigualdades no sólo son de hecho, sino también de derecho. La sociedad del bienestar se basa en el principio de igualdad y pretende conseguir un incremento de la calidad de vida de toda la ciudadanía. La diferencia con otros modelos liberales radica en que éstos parten de la idea de que la intervención es una amenaza contra la libertad y de que el gasto público en servicios sociales es un despilfarro económico.
E. Andersen define el estado del bienestar como el “modelo de estado que interviene en la vida económica y social para alcanzar cotas de política social y calidad de vida. Su intervención se sustenta en los principios de justicia e igualdad social y pluralismo político como inspiradores de todas las actuaciones”.
Pero la sociedad del bienestar necesita de la prosperidad económica, y ésta parte de una situación de privilegio de los países desarrollados. Este desajuste genera individuos que se quedan fuera de las redes sociales y económicas (tanto fuera como dentro del territorio), por lo que existe una mayoría adaptada y unas minorías marginadas para las que los mecanismos son insuficientes; una población “superflua” -emigrantes, refugiados y demás parias- es una consecuencia inevitable de la modernización, así como un ineludible efecto secundario del progreso económico y la búsqueda de orden, característicos de dicha modernidad.
El cambio de paradigma económico nos ha llevado de una “sociedad productiva” a una “sociedad de consumo”. En la sociedad de los productores, los desempleados podían estar temporalmente fuera de su estructura, pero su lugar era incuestionable y seguro, ya que el destino de los desempleados (el ejército de reserva del trabajo) era el de ser reclamados de nuevo para el servicio activo. En la “sociedad de consumo”, en cambio, los consumidores fallidos, incompletos o frustrados pueden estar seguros de que habiendo sido expulsados del único juego válido, el del consumo, ya no forman parte del juego, que por lo tanto ya no se les necesita, que son población “superflua”.
La unión de bienestar y consumo es hoy la característica principal de las sociedades desarrolladas, aseguradas las necesidades básicas, el consumo se dota de nuevos significados simbólicos que van más allá del propio objeto consumido: libertad, progreso social, solidaridad y democracia son accesibles a través del consumo, y la objetivación de la cosmovisión capitalista se generaliza mediante los mecanismos del espectáculo, en su acepción debordiana.
En este difícil contexto proponemos un encuentro entre la sociedad integrada y la marginal, justo cuando la sociedad del bienestar actúa en busca de justicia e igualdad: en Madrid, situado en la periferia sur de la ciudad, pervive uno de los mayores poblados de chabolas de Europa, denominado El Salobral. El pasado mes de marzo, Comunidad de Madrid y Ayuntamiento acordaron su demolición y posterior realojo de sus habitantes, en su mayoría de etnia gitana. En este poblado se dan cita tanto la marginación definida por factores socioculturales como aquélla buscada de modo intencionado por traficantes de drogas, en busca de un espacio alejado de la vigilancia policial. Por otro lado la demolición de las chabolas y el posterior realojo de sus ocupantes atrae nuevos habitantes que llegan a esta zona buscando la recompensa de una nueva vivienda servida por los servicios sociales. La desaparición de El Salobral implica no sólo la destrucción de las infraviviendas, también la inhabilitación del terreno para que no vuelvan a ser construidas.
El evento Welfare State, desarrollado por Democracia, supone la escenificación del derribo de este poblado marginal como un espectáculo para los integrantes de la sociedad civil. Por encima de consideraciones como la desaparición de unas formas culturales específicas (la cultura gitana) , la sociedad civil celebra la desaparición del gueto en clave de espectáculo mediático. La sociedad civil “integrada” son los hooligans que aplauden la acción de las excavadoras demoliendo el gueto. El camino seguido por la población marginal simboliza su integración en la sociedad de consumo espectacular, que les asegurará sus derechos básicos.

Article aportat per VEI

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