El cocodrilo de Dostoyevsky

Tenemos que creer neciamente que progresamos, como los rusos con el cocodrilo

En una de las narraciones satíricas de Dostoyevsky, ¡digna de Gogol!, y al que aquí sólo apreciamos en sus dramas patológicos, un cocodrilo se traga a un funcionario. Quien hasta le toma el gusto a vivir zampado, temiendo sólo que se entere el jefe de la oficina. Mientras, la opinión oficial y mediática colige que la importación de saurios supondría una inversión de capital extranjero, con lo que Rusia se modernizaría.

¿Y no estamos nosotros en una tesitura grotescamente parecida? Todo el día repetimos que nuestro mundo y modelo de civilización occidentales constituyen el no va más, y que nos colman de libertad y bienestar. Lo que en la línea de evolución histórica es cierto, pero no en valor absoluto, pues el progreso multiplica sus dones en la medida en que, debido a su propio potencial, agiganta las desgracias.

Acabamos de sufrir la tragedia del avión de Madrid, y nos trituran la guerra en Afganistán, Georgia, Iraq; amén de los atentados allí, Argelia u Oriente Medio. A lo que hay que añadir las muertes que se suceden en carretera… Y es que la tecnología produce prodigios como el audiovisual y la informática, pero puede ser manipulada para fulminar las Torres Gemelas. Y si el liberalismo mercantil crea riqueza, deja en la miseria a medio planeta, incluidos nuestros parados.

Así el consumo ya tiene un coste superior a la producción, de ahí la crisis que padecemos, necesitamos un crecimiento desenfrenado o capotamos. Y creciendo nos reventamos: es lo que ha ocurrido con el turismo y la construcción, que nos ha esquilmado el bolsillo, el ecosistema y la estabilidad y coherencia en las poblaciones.

O sea, que mariposeamos en torno al cocodrilo, el cual nos traga. Sin que nos atrevamos a afrontar su realidad porque los jefes nos riñen si criticamos su voracidad e inanidad: así, la política democrática se ha degradado y el capitalismo se acerca al ogro que lo considera el comunismo. Si Zapatero hasta le pidió al congreso del PSOE que consumieran, creyendo que reactivaría la economía y la empeora. Y la gente está hipotecada hasta los 80 años, y encima la desahucian.

Pero tenemos que creer neciamente que progresamos, como los rusos con el cocodrilo. Y se sigue valorando la bondad de nuestro sistema en relación con el fenecido y podrido comunismo y el auge de la locura islamista. Cuando debiéramos, obviamente, efectuar una aguda crítica de la situación y sistema establecidos, tanto económica como política, moral y ecológica. Pero hacerlo a nivel decisorio, no como ocurre, sólo especulativo.

Al tiempo que los museos de Barcelona anuncian restricciones económicas que limitarán su actividad. Claro, si falta dinero a la Administración le interesa más cortar ahí, pues un museo activa la cultura y la sensibilidad, cuando la televisión y el deporte sólo espectáculo embotan.

Baltasar Porcel – 05/09/2008 aportat per VEI

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