BARRIO DE LA BARCELONETA

Hotel Barcelò Raval: la destrucción cumple veinte años

No es de ahora ni es ningún secreto la voluntad del Ayuntamiento de Barcelona de entregar la ciudad como producto y en particular su centro histórico, Ciutat Vella, al desmadre consumista y al descontrol del turismo masivo. Hace apenas unas semanas, el alcalde Jordi Hereu en reunión con los máximos representantes de la industria hotelera, afirmaba que «Barcelona puede asumir más turismo, tanto de vacaciones como de convenciones y congresos». Antes que él, la regidora de Districte Itziar González, que al jurar su cargo perjuró que devolvería el distrito a los vecinos, anunciaba que El Raval debía ser la puerta de entrada para los miles de turistas que llegan a la ciudad en cruceros.
Las cifras son igual de explícitas que las declaraciones de los representantes municipales: actualmente hay 30.000 plazas hoteleras en toda Barcelona según fuentes municipales y sólo en el centro existen 80 hoteles y se han concedido 23 licencias en dos años. Prácticamente una vez al mes, los servicios técnicos de Ciutat Vella han dado vía libre a un hotel.
Detrás de las palabras y los números que hablan del turismo como de una bendición o de una plaga que hay que asumir, se trata de ocultar una reforma urbanística que sigue ejecutándose en su última fase pero a la que se pretende tratar cómo si nunca hubiera existido. Los niveles actuales de hiperexplotación turística son el fruto de prácticamente veinte años —el asalto a Ciutat Vella se inició en 1989— de expropiaciones, expulsión de vecinos, destrucción de edificios y abusos institucionales, de una prolongada operación a corazón abierto y a sangre fría o hirviendo según las necesidades, que hoy culmina con desgraciado éxito.
De esa historia que ahora parece sujeta a desaparecer y en cuya caja negra se ocultan como mínimo 7.000 vecinos desplazados en toda Ciutat Vella según calcularía en su momento el periodista Josep María Huertas, la Operación Illa Robador es digna representante y el Hotel Barcelò la guinda de la guerra a los vecinos. Allí donde ahora se erigen el hotel, las cooperativas de viviendas o la futura Filmoteca, fueron destruidos en su momento 50 edificios, 450 viviendas y 93 locales comerciales, de cuyas consecuencias sociales directas e indirectas todavía hoy no se han dado cifras, pero que se traducen en cientos de vidas quebradas por el urbanismo salvaje, la especulación inmobiliaria y el mobbing.
El Hotel Barcelò es una bandera, la demostración de que se ha conseguido entregar el territorio al mercado; y también es un desafío, porque con su presencia pretende anunciar el futuro de un barrio rematado a su imagen y semejanza. Es, como toda la nueva illa, un armatoste construido sin el barrio y contra el barrio, que con su gemelo, el Hotel Vela en La Barceloneta, es una prueba de la anchura y la altura del compromiso entre las instituciones y el negocio privado. Una prueba, en este caso, de diez pisos y 38 metros de altura.
La de hoy, por tanto, no es la inauguración de un hotel sino la ceremonia de clausura de veinte años de desvergüenza política y urbanística en El Raval. Aunque todavía queda daño por hacer y fuera de los focos que iluminan el hotel pero a pocos metros se repite la violencia urbanística cada día, la celebración de la apertura del Hotel Barcelò es la representación con la que sus responsables y beneficiarios festejan el final de una toda una época de destrucción social y urbana.

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s