LA BARCELONA REBELDE: GUÍA DE UNA CIUDAD SILENCIADA (EDICIONES OCTAEDRO, 2003)

V.E.I

VÍCTIMA

ESPECULACIÓN

INMOBILIARIA

PRIMERA PARTE


Es este el barrio mediterráneo de la ciudad. La Barceloneta, nacida sobre la arena de la playa del antiguo barrio de la Ribera, fue fruto de la ocupación militar de la ciudad por Felipe V a partir de 1714. Albergó siempre a buena parte de la emigración y a las clases más humildes en sus calles rectilíneas. Desde siempre vivió en ella población inconformista y bohemia, próxima al Paralelo, cantantes, buscavidas, pintores o poetas. También honestos pescadores y amantes del mar. Sus playas, cargadas de toxinas y despojos de la ciudad industrial, acogieron a deportistas, naturistas o familias sencillas.

Rugientes fundiciones imprimían sus calores en la brisa marina junto a las casas de baños, imitación proletaria de las de la Costa Azul, y cerca de ellas una pequeña plaza de toros que hacía las delicias de los barceloneses. Restaurantes amables al pie de la arena ofrecieron durante todo el siglo XX sus arroces y pescados a buen precio a veraneantes dominicales y a turistas pobres. El Poble Nou, proletario e industrial, cobijó industrias metalúrgicas, químicas y pequeños talleres. Sus habitantes pronto se adhirieron a los movimientos societarios, utópicos e internacionalistas. Proliferaron en él asociaciones de todo tipo y la vida cultural en torno a su paseo central fue un referente ciudadano.

Ambos barrios proletarios fueron duramente bombardeados por la aviación fascista a partir de 1936. Durante el franquismo siguieron estigmatizados, ya que durante la revolución sus gentes salieron a la calle y la hicieron suya. Nació el tristemente famoso “Campo de la Bota” donde se fusilaban cada noche conciencias insumisas. Se instalaron industrias tóxicas, descuidaron el mar que se convirtió en un vertedero y sus habitantes se sintieron olvidados. Nacían barrios enteros de chabolas. La antigua Icaria moría entre la suciedad y el olvido. Ahora, del espíritu que formó aquellas barriadas poco queda, mucha población fue desplazada, se especuló con la proximidad al mar y las nuevas edificaciones. Restaurantes caros y fábricas antiguas de las que sólo se conserva su envoltorio. Chimeneas solitarias que como tótems de una antigua civilización recuerdan que allí hubo todo un barrio que sentía y bullía

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