BCN WEEK (Nº 64, ABRIL 2008): “OHPITALÉ”

V.E.I
VÍCTIMA
ESPECULACIÓN
INMOBILIARIA

EDITORIAL (DAVID TRESSEL)

En el primer número del BCN Week hablamos de la newyorkificación de Barcelona. El artículo hablaba de cómo los planeamientos que se están utilizando en la ciudad de BCN son un calco de los planeamientos urbanísticos de Nueva York. Esta semana hablaremos sobre L’ Hospitalet de Llobregat, y algunos de nosotros/as estaríamos asombrados si pensáramos que L’H va a experimentar una Brooklynificación -puesto que Brooklyn es ahora el lugar más apropiado para vivir en la Gran Manzana de NY-. Manhattan es simplemente demasiado caro, así que todos los artistas y gente bohemia en general tienen que cruzar el río hacia Williamsburg, un barrio de Brooklyn. Y ahora Williamsburg es demasiado exigente también, así que la gente se está yendo más allá de la isla. ¿Podría ocurrir lo mismo en Barcelona? ¿Querer vivir en el centro histórico por la mitad de nuestro sueldo y el mismo “trastero” nos empujará a los alrededores en el que se nos pide un tercio de nuestro salario? Si alguno de nosotros/as está aquí dentro de diez años, sería interesante que explicara los cambios que se han dado en estas áreas limítrofes a la gran ciudad. Aparte de L’ Hospitalet, también existe una gran Badalona u otros espacios en los límites de BCN, y las periferias más altas -el segundo y tercer cinturón que es como lo conocemos- están esperando a ser conquistadas. Esos lugares son extremadamente accesibles, pero casi nadie de nosotros/as está viviendo allí porque no hay razón para hacerlo -no todavía-.

Como leerás en el siguiente artículo, hay un montón de cosas que ver en el otro lado de la periferia de Barcelona, algunas bonitas, otras no. Lo que es cierto, sin embargo, es que lo que observarás no tiene nada que ver con el frecuente surrealismo cosmopolita moderno al que estamos acostumbrados en BCN.

Si crees que Poble Sec es un mundo aparte de Gracia, ve hacia Cornellà. Pensarás que estás en Marte.

EL SALVAJE SUDOESTE (JORDI COROMINAS I JULIÁN)

L’ Hospitalé de Llobregá es una ciudad orgullosa de sus señas de identidad. Sus habitantes son conscientes de ser la segunda población de Cataluña, dirigida por el político que más cobra en España: Celestino Corbacho. La gente de L’ H ha madurado con el paso de los años. Su mérito es el de llegar de la nada, por obra y gracia de la inmigració franquista, y construir un estilo propio que abarca moda, lenguaje, música, arquitectura y nombres personales. La cercanía con Barcelona no es impedimento para la consolidación de una fuerte cultura local, avivada en los últimos tiempos por la llegada masiva de inmigrantes, en su mayor parte sudamericanos.

L’ H es una localidad de población indefinida, ¡pero muy grande!, que limita con Barcelona. La mayor parte de sus habitantes hablan castellano, tienen bajo nivel educacional y trabajan para la gloria de la capital catalana, madre eterna que da dinero a sus hijos menos aventajados. L’ Hospitalet es la punta de la lanza de la periferia, el antiguo cinturón rojo donde escuchan música de Estopa y exhiben en la televisión nacional lo peor de la raza, como Carlos Yoyas de Gran Hermano. Lo único bueno de L’ Hospitalet es el portero del Barça, Víctor Valdés, e IKEA, hermanado con el de otra zona periférica: Badalona. Lo único que une a Barcelona con su vecina es el dios consumo. Fuera del vil metal, el interés es nulo y se piensa que adentrarse en las calles de lo desconocido es como conocer el Bronx o algo peor, un tercer mundo dentro del primer mundo.

L’ H pretende ser una mezcla de lo mejor de L’ Hospitalé y las lecciones cosmopolitas de la Ciudad Condal. La influencia de estar en su entorno tendría que ser notable; sin embargo, hasta ahora no se han visto resultados como los logrados en la zona Forum, reactivada a la especulación y a la homologación burguesa con motivo del ridículo evento de 2004. L’ Hospitalet de Llobregat aspira a dejar de ser el patito feo, desea aprovechar la cercanía al aeropuerto, mejores instalaciones, más atención ciudadana, buenas perspectivas sociales y educativas y un saneamiento urbanístico que le permita dejar de ser el absurdo hazmerreír cargado de tópicos como Bellvitge, los charnegos (racismo catalán), obreros, delincuencia y vulgaridad. ¿Conocemos L’ Hospitalet? El Homo Barcelonensis tiene una idea muy relativa de las realidades que tiene a un paso de casa. Su natural pereza le impulsa a crear microcosmos urbanos de los que no sale ni aunque le paguen. Por eso ignora, en gran medida, cómo se vive al otro lado de la frontera. ¿Existen los quillos y los cholos o sólo son una alucinación óptica del estrés laboral? ¿De verdad dicen “neng” a cada dos por tres? Más que dejarnos seducir por la broma, creemos necesario sumergirnos en el tejido de nuestro supuesto pariente pobre y descubrir, con ojos seudo-vírgenes, qué ocultan sus tan denostados muros: ricas teselas de un mosaico incompleto, que sólo será completado si recibe la atención que merece su diferencia e independencia de estilo ante el monstruo de BCN y su hambre diseñada.

Un pensament sobre “BCN WEEK (Nº 64, ABRIL 2008): “OHPITALÉ”

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